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EXTRACTO DEL DIARIO LA NACIÓN
Es el icono del modernismo que, con sus líneas curvas, le dio belleza a Brasilia. A los 100 años, trabaja doce horas por día, defiende a rajatabla el comunismo, admira a Borges y dice que lo importante en la vida es luchar contra la miseria. Retrato íntimo del último genio vivo de la arquitectura del siglo XX.



¿Podría definir su arquitectura?
Comenzó en 1940 con el proyecto de la Pampulha (conjunto de predios modernistas en Minas Gerais). Es una arquitectura más liviana, que busca la forma diferente, la sorpresa. Trato de llevar el concreto a su límite.

¿No tuvo dificultad para convencer a las personas, cuando les mostraba estas ideas no convencionales?
No. Yo creo que el propio concreto armado sugiere la curva, porque si hay un espacio grande para vencer, la curva es la solución natural. La línea recta es más cara. Un escritor francés dijo un día que la sorpresa y el espanto son las características principales de una obra de arte. Es eso lo que quiero lograr. Si vas a Brasilia te pueden gustar o no los palacios que diseñé, pero no vas a decir que viste alguna vez una cosa parecida.

Trabaja mucho...
Trabajo de lunes a viernes, entre las 9 y las 21. Pero la arquitectura no es importante. Lo importante es la vida, la lucha por un mundo mejor, luchar contra la pobreza y la miseria. Todos los martes tomamos acá en el estudio clases de filosofía con unos amigos. Ya les dije a los alumnos que junto con las clases de arquitectura tendrían que tomar clases de filosofía, de literatura. No para ser intelectuales, sino para entender la vida.

¿Usted es un pesimista?
Sí. Pero ahora estoy contento de que las cosas van a mejorar. La Argentina parece estar encontrando un camino más progresista. Me gusta ese Kirchner. Está tomando la posición que me gusta, de enfrentar al FMI.

Parece más reconocido en el exterior, donde está ocurriendo una relectura de su obra, que en Brasil.
Si les gusta mi trabajo, bárbaro; si no les gusta, también. Cada arquitecto tiene que tener su arquitectura, por eso no critico a los colegas. Y me divierto con lo que hago.

¿Qué piensa de los que critican la ausencia de verde en sus obras?
Es de burros. Si van a Venecia van a querer que la plaza San Marco tenga pasto. Una plaza cívica tiene que ser limpia. Si quieren verde, que vayan al Jardín Botánico.

Resulta paradójico que alguien que no cree en Dios haya diseñado una iglesia como la catedral de Brasilia.
Es que me pongo en el lugar del católico. El va a la catedral de Brasilia, llega por una galería oscura hasta una nave que de pronto se abre toda iluminada. Eso para él es muy bueno. Mira para afuera y a través de los vidrios transparentes ve el cielo e imagina que el Señor está allá, esperándolo. Bárbaro.

¿Cómo es su proceso de creación?
Te doy un ejemplo. Hice el Museo de Niteroi (localidad lindera a Río de Janeiro). Llegué allá y era una superficie plana en una roca, encima del mar. Vi el mar, las montañas de Río de Janeiro, todo un paisaje fantástico que tenía que preservar. Entonces levanté la construcción y la dejé en el aire, encima de una columna, para no incomodar el espectáculo.

¿Qué otra arquitectura le gusta?
Me gusta Le Corbusier, Mies van der Rohe, no compito con nadie. Pero a mí me gustaría ser un escritor. Un escritor con talento, como Borges. O como Jorge Amado, que estaba todo el día en Bahía, escribía en un cuarto con jardín, imaginaba sus personajes. Ahora, para hacer proyectos hay que discutir con el calculista, hay que entregar el proyecto, fiscalizarlo.

Y a usted, que es tan crítico del sistema, ¿no le incomoda que sean políticos contrarios a su posición los que ocupan sus edificios en Brasilia?
Si no trabajaban en Brasilia iban a trabajar en otro lugar. La cuestión es que hay que cambiarlos. Igual hay muchos políticos buenos, honestos.

¿Qué opina de Lula?
Quiere cambiar las cosas, es un operario. Tiene muchas dificultades por delante. Pero apoyo a Lula.

Como arquitecto, ¿qué piensa de las favelas?
Mi chofer trabaja conmigo desde hace 50 años. El otro día yo fui a su casa, en la favela. Una casa que le diseñé y construí yo. Fuimos a un bar a tomar una bebida. Todos querían venir a saludarme. La gente de la favela es buena gente, gente feliz.

¿Tiene herederos de su estilo?
Cada uno hace lo que quiere. La arquitectura es toda hecha de detalles y hasta en las cosas más simples un arquitecto piensa diferente del otro. Por eso trabajo solo. Soy el único. Hago lo que se me da la gana.

Por ser comunista, ¿cuál es su relación con el dinero?
Yo no tengo dinero. Trabajo para pagar las cuentas. Ayudo a mucha gente y tengo muchos gastos.

¿Le tiene miedo a la muerte?
No, pero la muerte es la oscuridad. A veces me gusta quedarme solo, pensar en la vida, fortalecerme. Pienso en el pasado, en los que ya se fueron. Da tristeza. Pero al final lo importante es sentir que nada es importante.

Por Luis Esnal (corresponsal en brasil)
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